Sin ley de humanidad. El fin del Imperio: la Caída de Tenochtitlan

Sin ley de humanidad.
El fin del Imperio: la Caída de Tenochtitlan

Motivados por ambición de fama, poder y riquezas además de un fuerte fervor religioso, los españoles llegaron con el propósito de propagar la fe cristiana entre los indígenas y el nuevo mundo, aumentar el número de súbditos del rey de España y obtener ganancias para sí mismos.

En su llegada a la ciudad de Tenochtitlan, los europeos quedaron maravillados por lo que veían, sin embargo, también sintieron temor, ya que la mayoría de los españoles provenían de pequeñas poblaciones, por ello, nunca habían visto tanta gente junta. Toledo era en ese momento la ciudad más grande de España y no llegaba a los 40,000 habitantes; en Madrid había cerca de 5,000 y en la gran Tenochtitlan la población rozaba los 300,000. La superioridad numérica de los mexicas era amplia.

De este modo, la conquista no pudo ser simplemente una batalla ganada por los españoles,  fue todo un proceso; si bien es cierto que los conquistadores enfrentaron a los pueblos indígenas del “nuevo continente” con armas y técnicas guerreras avanzadas, que las tácticas de los capitanes españoles, de la mano de Hernán Cortés, jugaron a favor de los peninsulares, además de la suerte y la habilidad para librar la muerte; los mexicas eran más, eran muchos más en número y eran también buenos guerreros. Entonces, ¿cómo es que cayó el imperio?

Para llevar a cabo la conquista de México-Tenochtitlan, los soldados españoles tuvieron dos aliados intangibles, es decir, no se veían pero estaban ahí, presentes; estos aliados, terminaron por jugar un papel clave en este proceso.

Primero, las enfermedades en ese momento desconocidas para los indígenas fueron una de las armas que más muertes causaron en las filas aztecas; debido a  que no existía, para los nativos americanos, defensa posible contra la viruela y el sarampión. Ninguna acción militar, ni todas juntas, causaron más muertes que las enfermedades virales traídas desde el viejo continente.

Las epidemias que se desencadenaron durante la conquista mermaron significativamente la resistencia contra los españoles. Entre las victimas cabe resaltar a Cuitláhuac, penúltimo tlatoani mexica quien en ese momento se encargaba de organizar a su pueblo para luchar. Cuando la viruela acabó con su vida, fue electo emperador un joven de nombre Cuauhtémoc…

El segundo aspecto que jugó a favor de los peninsulares fue el odio que varios pueblos sentían hacia los mexicas debido a la opresión en que vivían. Las provincias  que sometidas por la fuerza debían pagar tributo al imperio mexica, vieron una oportunidad para liberarse de dicha carga; se hicieron aliados de Cortés y obtuvieron así una alianza militar. A los tlaxcaltecas, en específico, les prometieron una serie de privilegios y regalos, que nunca les cumplieron.

Tal fue la ayuda otorgada por los tlaxcaltecas a los españoles que, para la batalla de Tepeaca (hoy en el estado de Puebla), los españoles contaban con 426 peones y 17 caballos; pero con los guerreros tlaxcaltecas proporcionados, llegaron a un número superior a las 100,000 unidades. Y era tal el rencor de estas poblaciones hacia el imperio mexica, que consumada la victoria en Tepeaca, los aliados indígenas se alimentaron con los restos de los guerreros muertos. La ayuda de los “aliados” a los españoles fue clave en cada una de las derrotas mexicas.

De este modo, la situación de Tenochtitlan era cada vez más frágil, no obstante, Cuauhtémoc y los mexicanos continuaron en la lucha; aún tenían una ventaja: el agua. Su ataque naval era fuerte y constituía la principal defensa de la ciudad; pues recordemos que Tenochtitlan era una urbe rodeada por un lago. Al darse cuenta de esto, Hernán Cortés mandó construir (con mano de obra indígena) embarcaciones para hacer frente y tomar por fin la capital mexica.

Así, tras haber vencido a las provincias fieles a Cuauhtémoc, el capitán Cortés decidió preparar la toma de la ciudad. Abasteciendo municiones y preparando sus embarcaciones, se hizo un recuento del ejército español: 86 a caballo, 118 con ballesta y escopeta, 700 hombres con espada y 100 libras de pólvora.

Además se comunicó a los aliados tlaxcaltecas y de otras regiones, que ya iba a iniciar el ataque contra Tenochtitlan y así se fueron presentando los siguientes: 12,000 hombres de Topoyanco; 12,000 de Cholula y Huejotzingo; 150,000 tlaxcaltecas; 200,000 provenientes de Tetzcoco y 50,000 tlahuicas. Los aliados también proporcionaron cientos de canoas.

Por su parte, Cuauhtémoc organizaba la resistencia fabricando armas, fortificando puntos estratégicos para la defensa e imitando tácticas de los españoles. Al tiempo que el tlatoani redoblaba esfuerzos, recibió aviso de que Cortés quería hablar con él. Accediendo a la propuesta, se acercó en una canoa hasta la embarcación del capitán español. En el encuentro, Cortés dijo: “Señores mexicanos, ya estamos determinados para daros guerra como gente bestial y sin razón. No cesaremos hasta que echemos por tierra a los enemigos de Dios, idólatras, sin ley de humanidad. Esto se hará sin falta alguna”. Cuauhtémoc no respondió, diciendo solamente, que aceptaba la guerra…

De esta manera, Hernán Cortés movió sus tropas rodeando Tenochtitlan y penetrando en las defensas mexicanas, dominando todas las entradas a la ciudad y entrando en ella hasta llegar al corazón. Los guerreros mexicas defendían con valentía sus edificios, especialmente sus templos.

Cuando los españoles tomaron el templo de Huitzilopochtli, se dedicaron a destruir pinturas y esculturas de los dioses aztecas, lo que empujó a los mexicanos a resistir y echarlos del templo, sin embargo, llegaron los caballos armados decidiendo la batalla a favor de Hernán Cortés y los conquistadores. Los enfrentamientos continuaron.

Por otra parte, a Cortés le interesaba que los tenochcas se rindiesen pues la ciudad estaba siendo destruida y par él era “la cosa más hermosa del mundo”. Como los mexicas no se rindieron, se decidió arrasar la capital, destruirla por completo; algunos de los caudillos tenochcas decidieron sacrificarse, otros huyeron y muchos más fueron asesinados.

En una de las últimas huidas, Cuauhtémoc fue descubierto en una canoa a lo que exclamó: “No me tire, que yo soy rey de esta ciudad y me llaman Cuauhtémoc”. Fue capturado y llevado hasta donde se encontraba Hernán Cortés, quien relató de esta forma ese momento: “el señor de la ciudad llegóse a mí y díjome en su lengua que ya él había hecho todo lo que era obligado para defenderse a sí y a los suyos y que ahora hiciese de él lo que yo quisiese, diciendo que le matase. Yo le animé y le dije que no tuviese temor ninguno y así, preso este señor, cesó la guerra, gracias a Dios Nuestro Señor, en martes 13 de agosto de 1521 años”.

Ese fue el fin de la vida del Imperio mexica y de la gran México – Tenochtitlan.

 

FUENTES:

  • González, Luis, Viaje por la Historia de México, México, Editorial Clío, 2010, 65 pp.
  • Lacroix, Gurría, J. “La caída de Tenochtitlan” en Historia de México, Tomo 6, México, Salvat Ediciones, 1986.
  • Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, México, Editores Unidos Mexicanos, 2014, 207 pp.

 

Escrito por Victor Aguilar

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